Más allá, bajo esta cumbre, las quimeras pacen sobre mares de muchedumbre… Y no voy ha mezclarme en sus turbulentas aguas, pero si puedo hacer que no me salpiquen.

Tras el ocaso
la noche extiende su mano,
rellenando los rincones
de ceguera que agradezco.
Será el momento adecuado.
Mentiras y odio,
destruiré con tiento.
Mi batalla comenzó,
implacable ante culpables
Ni perdón
ni piedad,
de la espada que porto saldrá,
no cruces la línea
que separa el bien del mal,
quédate en un extremo,
pues si te unes al resto,
sin dudarlo
tú caerás.
























