
ÉL
Alzó sus ojos de miel,
desplegando el brillo
de la melancolía.
Le vio a lo lejos,
las manillas del reloj
detuvieron su tiempo.
Alzó sus ojos de miel,
desplegando el brillo
de la melancolía.
Le vio a lo lejos,
las manillas del reloj
detuvieron su tiempo.
Ahogó un suspiro en los labios,
tersos,
sensuales,
y el cosquilleo brotó,
recorriendo cada poro,
cada centímetro vivo.
Ruborizó su rostro,
sin poder controlar
el sudor en sus manos.
Le vio acercarse,
acariciando la tierra
con cada paso que daba.
No quería marchar
más temía el no hacerlo.
¿Seguiría de largo?
¿Rozaría su mano?
¿Miraría al pasar?
Más cerca,
escasos metros,
sólo supo sonreír.
Faltó el aire,
su calor era extremo,
el corazón un loco,
por hacer oídos sordos,
por haberse enamorado.
Un instante,
y el eco de sentimientos,
gritó,
expandiendo el fuego interno,
arriesgando la pasión.
No miró,
no pensó,
le besó.
























